terça-feira, 30 de novembro de 2010

Fermina Daza


"Fermina Daza despidió a la mayoría junto al altar, pero acompañó al último grupo
de amigos íntimos hasta la puerta de la calle, para cerrarla ella misma, como lo había
hecho siempre. Se disponía a hacerlo con el último aliento, cuando vio a Florentino Ariza
vestido de luto en el centro de la sala desierta. Se alegró, porque hacía muchos años que
lo había borrado de su vida, y era la primera vez que lo veía a conciencia depurado por el
olvido. Pero antes de que pudiera agradecerle la visita, él se puso el sombrero en el sitio
del corazón, trémulo y digno, y reventó el absceso que había sido el sustento de su vida.
-Fermina -le dijo-: he esperado esta ocasión durante más de medio siglo, para
repetirle una vez más el juramento de mi fidelidad eterna y mi amor para siempre.
Fermina Daza se habría creído frente a un loco, si no hubiera tenido motivos para
pensar que Florentino Ariza estaba en aquel instante inspirado por la gracia del Espíritu
Santo. Su impulso inmediato fue maldecirlo por la profanación de la casa cuando aún
estaba caliente en la tumba el cadáver de su esposo. Pero se lo impidió la dignidad de la
rabia. “Lárgate -le dijo-. Y no te dejes ver nunca más en los años que te queden de
vida.” Volvió a abrir por completo la puerta de la calle que había empezado a cerrar, y
concluyó:
-espero sean muy pocos."

García Márquez, El amor en los tiempos del cólera.

domingo, 28 de novembro de 2010

Helena de Troya

Doomsday

"(...)

Ocurre en cada pulsación de tu sangre.
No hay un instante que no pueda ser el cráter del Infierno.
No hay un instante que no pueda ser el agua del Paraíso.
No hay un instante que no esté cargado como un arma.
En cada instante puedes ser Caín o Siddharta, la máscara o el rostro.
En cada instante puede revelarte su amor Helena de Troya.
En cada instante el gallo puede haber cantado tres veces.
En cada instante la clepsidra deja caer la última gota."

Borges, Los Conjurados.

sexta-feira, 26 de novembro de 2010

suavidade

He Wishes for the Cloths of Heaven
    HAD I the heavens' embroidered cloths,
    Enwrought with the golden and silver light,
    The blue and the dim and the dark cloths
    Of night and light and half-light,
    I would spread the cloths under your feet
    But I, being poor, have only my dreams;
    I have spread my dreams beneath your feet;
    Tread softly because you tread on my dreams...

    William Butler Yeats

Utako

"Utako todavía llevaba su sastre color marrón claro y traía la yukata colgada del brazo. Se quedó mirando  con inocencia en dirección a Jiro desnudo. Eso tomó por sorpresa a Jiro.
- Puesto que este es un lugar de aguas termales, no nos perdonarán si no nos bañamos.
- Cierto - dijo Utako y, en seguida, despues de cerrar la puerta, se preparó, sin siquiera probar la temperatura, para meterse en el agua.
Jiro solo alcanzó a percibir el color de la piel. Después retiró la mirada. Su tez blanca tenía un hermoso color.
Utako se sumergió hasta el cuello y quedó inmóvil.
Jiro siguió mirando en la misma dirección, hacia afuera. Unas flores blancas de trébol caían detrás de una roca cerca de la ventana del baño."

Kawabata, Primera nieve en el monte Fuji.

quarta-feira, 24 de novembro de 2010

Naoko

"Conforme iba avanzando el invierno, los ojos de Naoko parecían ir ganando en transparencia. Una transparencia ausente. Pronto, sin razón aparente, clavaba sus ojos en los míos como si buscara algo, y, cada vez que esto ocurría, me embargaba una estraña e insoportable sensación de soledad.

Me pregunté si trataba de decirme algo. Quizás era incapaz de expresarlo con palabras. No, antes de traducirlo al lenguage hablado, tendría que haberlo compreendido ella misma. Por eso no hallaba las palabras. En esas ocasiones, Naoko jugueteaba con el pasador de pelo, se secaba las comisuras de los labios y me clavaba su mirada ausente. De haber podido, hubiese deseado abrazarla, pero siempre me quedé con la duda y desistí. Temía herirla. Seguimos paseando por las calles de Tokio, y ella seguía buscando las palabras en el vacío."

Murakami, Tokio blues.

segunda-feira, 22 de novembro de 2010

si pur alluma, perché non mi consuma?

Lo meo namoramento
non po' parire in ditto,
ca, sì com'eo lo sento,
cor no lo penzaria né diria lingua;
zo ch'eo dico è nente
inver ch'eo son distritto
tanto coralemente:
foco aio, non credo mai si stingua;
anti, si pur alluma,
perché non mi consuma?

Jacopo da Lentini (1210-1260)

domingo, 21 de novembro de 2010

Beatriz Viterbo

"Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación."

"Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada; había en su andar (si el oxímoron es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis (...)"

"(...) vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo (...)"

" Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz."

Borges, El Aleph.

sábado, 20 de novembro de 2010

Teodelina Villar

"Buscaba lo absoluto, como Flaubert, pero lo absoluto en lo momentáneo. Su vida era ejemplar y, sin embargo, la roía sin tregua una desesperación interior. Ensayaba continuas metamorfosis, como para huir de sí misma; el color de su pelo y las formas de su peinado eran famosamente inestables. También cambiaban la sonrisa, la tez, el sesgo de los ojos. Desde 1932, fue estudiosamente delgada..."

"(...) el 6 de junio, Teodelina Villar cometió el solecismo de morir en pleno Barrio Sur. Confesaré que, movido por la más sincera de las pasiones argentinas, el esnobismo, yo estaba enamorado de ella y que su muerte me afectó hasta las lágrimas? (...)"

Borges, El Zahir.

sexta-feira, 19 de novembro de 2010

Capitu

"Com que então eu amava Capitu, e Capitu, a mim? Realmente, andava cosido às saias dela, mas não me ocorria nada entre nós que fosse deveras secreto. Antes dela ir para o colégio, eram tudo travessuras de criança; depois que saiu do colégio, é certo que não restabelecemos logo a antiga intimidade, mas esta voltou pouco a pouco, e no último ano era completa. Entretanto, a matéria das nossas conversações era a de sempre. Capitu chamava-me às vezes bonito, mocetão, uma flor; outras pegava-me nas mãos para contar-me os dedos. E comecei a recordar esses e outros gestos e palavras, o prazer que sentia quando ela me passava a mão pelos cabelos, dizendo que os achava lindíssimos. Eu, sem fazer o mesmo aos dela, dizia que os dela eram muito mais lindos que os meus. Então Capitu abanava a cabeça com uma grande expressão de desengano e melancolia, tanto mais de espantar quanto que tinha os cabelos realmente admiráveis; mas eu retorquia chamando-lhe maluca. Quando me perguntava se sonhara com ela na véspera, e eu dizia que não, ouvia-lhe contar que sonhara comigo, e eram aventuras extraordinárias, que subíamos ao Corcovado pelo ar, que dançávamos na lua, ou então que os anjos vinham perguntar-nos pelos nomes, a fim de os dar a outros anjos que acabavam de nascer. Em todos esses sonhos andávamos unidinhos. Os que eu tinha com ela não eram assim, apenas reproduziam a nossa familiaridade, e muita vez não passavam da simples repetição do dia, alguma frase, algum gesto. Também eu os contava. Capitu um dia notou a diferença, dizendo que os dela eram mais bonitos que os meus; eu, depois de certa hesitação, disse-lhe que eram como a pessoa que sonhava... Fez-se cor de pitanga."

Machado de Assis, Dom Casmurro.