(...)
Recuerdo que en 1945
estuve con él en Sao Paulo.
(Frágil y firme su estructura,
pálido como el marfil
desenterrado en la cisterna,
fiero como la pureza
del aire en las soledades,
puro como la grandeza
custodiada por el dolor.)
Por primera vez a su pueblo
hablaba, en Pacaembú.
El gran estadio pululaba
con cien mil corazones rojos
que esperaban verlo y tocarlo.
Llegó en una indecible
ola de canto y de ternura,
cien mil pañuelos saludaban
como un bosque su bienvenida.
Él miró con ojos profundos
a mi lado, mientras hablé.
Pablo Neruda. 1949.
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