sexta-feira, 18 de fevereiro de 2011

callado y triste

Fermina Daza había estado toda la tarde preguntándose de qué recursos iba a
valerse Florentino Ariza para verla sin tocar en el camarote, y hacia las ocho no pudo
soportar más las ansias de estar con él. Salió al corredor con la esperanza de encontrarlo
de un modo que pareciera casual, y no tuvo que andar mucho: Florentino Ariza estaba
sentado en un escaño del corredor, callado y triste como en el parquecito de Los
Evangelios, y preguntándose desde hacía más de dos horas cómo iba a hacer para verla.

García Márquez. El amor en los tiempos del colera.

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