valerse Florentino Ariza para verla sin tocar en el camarote, y hacia las ocho no pudo
soportar más las ansias de estar con él. Salió al corredor con la esperanza de encontrarlo
de un modo que pareciera casual, y no tuvo que andar mucho: Florentino Ariza estaba
sentado en un escaño del corredor, callado y triste como en el parquecito de Los
Evangelios, y preguntándose desde hacía más de dos horas cómo iba a hacer para verla.
García Márquez. El amor en los tiempos del colera.
Nenhum comentário:
Postar um comentário