sexta-feira, 24 de dezembro de 2010

Neblinosa

(...) "A él le gustaban las mujeres sólidas, que pudieran abrazarse y tocarse y penetrarse y todo lo demás. Su natural sensual y apasionado de hombre en permanente contacto con las esfereas animales pedía esa clase de relación. Y podría haber satisfecho esa comprensible apetencia con cualquier mujer. Rara habría sido la que no se entregara al famoso Pepe Dueñas... Cualquiera de esas salvadoreñas morenas de piel lustrosa, pechos redondos, caderas grandes, perfectas máquinas de dar placer. ¿Que tenía que hacer él, justo él, con la que debía de ser la única mujer impalpable del mundo, o al menos del país?"

César Aira, El error.

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